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Jamaica

El aeropuerto de Montego Bay, apretado contra el Mar Caribe, nos permite tocar el suelo de Jamaica. En el horizonte se despliega el misterio entre pecaminoso y placentero de Jamaica. Rodeados por jamaiquinos voluntariosos que insistentemente quieren vendernos algo o ofrecer algún servicio (auto, hotel, etc.). Una vez ahí, obliga preguntarse ¿Qué estamos haciendo ahí?, ¿Qué tiene esta isla estado para ofrecernos?

Para empezar, mientras vamos desplazándonos en una combi rumbo a la provincia de Ocho Ríos, en la costa norte, a unas dos horas y medias de Montego, van surgiendo los contrastes de este país Caribe-Africano. Aparecen pueblos victimas del olvido y canchas de polo y zonas bendecidas por el dinero, siempre se vinculan con el turismo.

El que más o el que menos sabe que Jamaica es una isla, tiene 6833 kilómetros cuadrados, se independizó en 1962 luego de estar en poder de los británicos desde 1609. Tiene 2,7 millones de habitantes. La “República Hotelera de Jamaica” es la industria más prospera e independiente.

Siempre será un hombre de color quien nos dará la bienvenida al pisar el “4Beaches by Sandals Resort”, una mujer negra con anteojos se encargara de hacernos el check-in y otro hombre negro ensayando un español neutro tratara de ofrecer sus servicios de guia turístico, apostando a que el turismo hispano crezca y que lo necesiten mas.

Los hoteles Sandals tienen dos variables: los Sandals, así, a secas y los Beaches, donde el perfil se presenta mas familiar. ¿Qué quiere decir esto?, que tus hijos serán atendidos y entretenidos por los personajes de Plaza Sésamo: Zoe, Elmer, Cookie Monster y Grover, sin generarte un recargo adicional, lo que te permitirá, si lo deseas, a sumergirte en la barra a vaciar botellas de ron o el whisky de la canilla libre. Tienen todo previsto para que no necesites dar un paso fuera del hotel: hay cuatro restaurantes, una disco, comercio donde comprar souvenirs, muelle para ir a pasear en lancha, practicar deportes acuáticos o bucear. Podrás cabalgar, ir a las Cascadas de River Dunn o al sauna, jugar tenis, ir al gimnasio

Los hoteles para parejas tienen todo dispuesto como para que armes tu postal caribeña de paisajes espectaculares y romance. Si con tiempo, envías la documentación que no resulta muy exigente, podrás hasta casarte. Si lo prefieres te armaran una ceremonia de “renovación de los votos”, ideal para aquellas parejas en tren de reconciliación o que a través de los años andan por la vida a los arrumacos. Si por el contrario con tu pareja están pasando por una etapa de indiferencia o si lo de Uds. es enfrascarse leyendo algún best seller de moda, lo mejor será quedarse en casa, una pareja en estas condiciones no tiene nada que hacer en Jamaica.

No solo el inconfundible olor a porro (cigarro de marihuana) que sentiremos por donde caminemos. Jamaica, tiene otro famoso y conocido turismo, “el turismo hot”. En ciertos hoteles (lleva poco tiempo averiguarlo) pagando unos 90 dólares podrás ser parte de la fiesta del disfraz o la toga. Provisto de un liviano atuendo, máscara o la sábana tomada prestada de la habitación, tanto como para cumplir con la consigna. Una vez en la fiesta, iras buscando miradas que enciendan tus deseos. Hay ciertos códigos que se deben respetar: no se puede sacar fotos a quien no lo desee, mucho menos ponerse insistente con quien te rechace. Se puede beber como para el campeonato mundial, elegir acompañante o ejercitar el voyerismo plácidamente o insoportablemente, dependiendo del caso. Los swingers abundan.

Saliendo del hotel, en el muelle, los jamaiquinos gritan ofreciendo artesanías y trenzas rastas, marihuana y sexo. Los mismos vendedores nos dirán que no existen problemas al caminar por las calles de Ocho Ríos, que es publicidad de los hoteles para quedarse con el dinero que el turismo esta dispuesto a gastar. Ellos mismos se ofrecerán a guiarnos a dar una recorrida, previo pago de 5 dólares. Sabrás de más cosas que no están incluidas en el programa turístico. Los jamaiquinos sueñan con irse a Estados Unidos, Canadá o las Islas Caimán, que la isla no tiene salud y educación publicas, que de no ser por el turismo escasea el trabajo y aquellos que lo tienen ganan tan poco que les resulta mejor disfrazarse de rastas, recordar al gran Bob Marley, bailar reggae y salir a la caza de turistas.






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