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Cuba

Seducida por La Habana y sus sitios emblemáticos, el son, el bolero, y la calidez de su gente.

En oportunidad de realizar mi primer viaje a Cuba, la primera impresión que me lleve de La Habana, su capital, al ingresar al hotel Habana Libre en búsqueda de una computadora con conexión a Internet. Me topé con un gran salón donde se celebraba un fastuoso cumpleaños de quince: todos los invitados muy elegantemente vestidos de gala y un grupo de adolescentes, enfundados en rigurosos esmoquin, los varones y ellas con largos vestidos blancos (me llamo la atención que eran todos iguales) formaban un semicírculo a la agasajada mientras procedían a sacarse las fotos de rigor.

Luego de aquel momento y por el tiempo que duro mi estadía, jamás volví a ver gente tan elegantemente vestida. Esto me sirvió para comprobar que la vida de los grandes hoteles, nada tiene que ver con la vida cotidiana de los habaneros. Condicionada por mis modestas finanzas de turista, pude conseguir Web mediante alojamiento en una casa de familia. Había rentado una modesta pero cómoda habitación con aire acondicionado y un abundante desayuno, por 25 pesos cubanos convertibles diarios. Cada peso cubano establecido en esa moneda para turistas se cotiza a razón de U$S 0,80.

La vivienda estaba ubicada en la calle Barcelona, cerca del Capitolio, esto me facilitaba movilizarme a pie hasta el Barrio Chino, donde podía comer en uno de los pocos restaurantes que cobran en moneda local, los pesos cubanos. Podía trasladarme, también a pie, hasta La Habana Vieja, donde podemos pasar el dia entero paseando por sus estrechas calles, encontrarnos con hermosas plazas, ferias artesanales, mercados de alimentos y con el Malecón, la rambla junto al mar.

Recorriendo los pasos transitados por Ernest Hemingway, pude visitar La Bodeguita del medio. En este lugar luego de conseguir acomodarme entre medio de decenas de turistas italianos, españoles y japoneses, tuve el placer de degustar un mojito, exquisita y tradicional bebida, a base de ron, jugo de limón, azúcar, agua con gas y hojas de hierbabuena. Poco después pude conocer el bar La Floridita, que a pocos pasos de la estatua de bronce de tamaño natural que recuerda el paso del escritor estadounidense por la isla. Ahí pudo disfrutar de un daiquiri. Como fondo, un dúo de violín y guitarra deleitaba con sus románticas melodías.

Rosalía de Castro, es una casona de tres pisos al este del Paseo del Prado, que no figura en ninguna guia turística, el lugar es para recomendar, en el se preparan muchos grupos antes de su salida para ofrecer sus espectáculos en hoteles y restaurantes. Los turistas pueden disfrutar de sus ensayos y darse un atracón de melodías caribeñas y gratuitamente.

El mejor recuerdo que podemos traer de Cuba, seguramente será el de su gente, por la amabilidad, la sencillez, el afán puesto en brindarnos su amistad y solidaridad, estas cualidades hacen que nos sintamos verdaderamente a gusto.






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