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Colombia

Una visita al ex convento y actual hotel de Cartagena que inspiró a Gabriel García Márquez, residente ilustre de la ciudad.

En costas del mar Caribe, Cartagena, a 1.090 kms de Bogotá, capital de Colombia, fue objetivo de piratas, a quienes no les paso inadvertido el transito de galeones españoles con cargamentos de oro y plata.

Una muralla de 11 kms, la resguardo a partir del siglo XV de los saqueos. Esta muralla es considerada una de las más valiosas obras arquitectónicas del mundo. Escondidos tras ella, la ciudad con floridos balcones y calles empedradas que nos invitan a descubrir sus tesoros. Uno de ellos es el Convento de Santa Clara Asís, al que Gabriel García Márquez eligiera como escenario de la novela “Del amor y otros demonios”. El edificio del siglo XVI, hoy convertido en hotel y spa, guarda en osarios, puertas escondidas y criptas, los rastros dejados por las monjas de clausura clarisas.

Junto a la muralla y frente al mar, en el tranquilo barrio de San Diego, se recorta la figura del viejo claustro monacal, que fue construido en 1621, en el se hospedo Mick Jagger.

Antes de convertirse en un hotel de lujo, funcionó alternativamente como Hospital de Caridad, Penitenciaría, Escuela de Bellas Artes y hasta sede de la Liga departamental de béisbol.

Un exuberante jardín central, rodeado de arcos de medio punto, sigue siendo el punto hacia donde confluyen los recintos. Con vistosos pájaros, que dejando las copas de las palmeras bajan a beber agua de la fuente alimentada por un pozo de agua dulce.

Junto al Claustro de dos pisos, este espacio conserva intactos los rasgos coloniales del edificio original. El diseño general tiene la impronta austera establecida por la Iglesia hasta mediados del siglo XIX, cuando se construyeron nuevos pabellones, de trazos eclécticos. La transformación fue producto de un episodio plagado de intrigas. Tuvo lugar hacia 1860, cuando el convento fue cerrado tras casi 200 años de un enfrentamiento entre las monjas clarisas y los franciscanos, de quienes dependían administrativamente. En 1682, las profesas de Santa Clara reclamaron su independencia económica y en 1861 fueron expulsadas del país.

A pesar de los cambios, el edificio conserva su carácter sobrio: las sutiles armonías de ocres y azules y el mobiliario colonial. La decoración se repite en las habitaciones, en el restaurante —el único de Cartagena especializado en cocina francesa— y en el Lounge Bar El Coro, donde los ritmos suaves están muy lejos de los enérgicos cánticos que allí entonaban las religiosas.

Antiguas pinturas y objetos hallados durante las obras de restauración, en 1995, alternan entre piezas clásicas y modernos muebles minimalistas. Toda esta atmósfera permite a los viajeros imaginar los días en que las monjas clarisas vivían en calma rutina de oficios. Antes de que su rebeldía desatara uno de los episodios históricos más apasionantes de Cartagena.






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